18 de diciembre de 2012

AMAR A LOS MAESTROS

Por  Miguel de la Guardia, Catedrático de Química Analítica de la Universidad de Valencia.

Hemos  empezado un nuevo curso plagado de dificultades para los enseñantes, que tendrán que desarrollar su tarea con menos medios y peor sueldo pero no dudo que su vocación y su ilusión serán
capaces de superar esas dificultades. No obstante, estoy convencido de que lo que peor pueden sobrellevar los que se dedicana la enseñanza pública es el constante acoso de la administración, las frases despectivas
de políticos y responsables públicos que deberán ser los primeros en salir en su defensa, y el efecto que estas críticas y desprecios pueden causar en sus alumnos y las familias.
En una situación como la actual debemos poner mucho empeño los padres en defender la imagen pública de los enseñantes, apoyar sus iniciativas a través de las asociaciones de padres y madres de alumnos y no desautorizarlos nunca ante nuestros hijos. Desgraciadamente cada vez viene siendo más frecuente ver padres que se desentienden completamente de la educación de sus hijos y consideran que eso compete a la escuela, pero que cierran filas de manera inconsciente a la hora de asumir las críticas de sus hijos a quien
Dedica sus horas de trabajo a proporcionarle las herramientas para abrirse camino en la vida y no se pueden imaginar el daño que hacen con esto a los maestros y a la escuela en general.
Pensemos en nuestra propia experiencia y recordemos a aquellos hombres y mujeres que marcaron nuestra vida con su magisterio.
En mi propio caso, mi amor por la literatura tiene el nombre propio del profesor Vicente Ferrer Olmos, que con su impecable chaqueta príncipe de gales nos leía los clásicos y nos contagiaba su ilusión por la palabra.
Si no quieren mirar al pasado, vean cómo sus hijos pequeños hablan de su maestra, de esas Conchas, Maites o Mª Josés, que el tiempo y los nuevos hábitos de cortesía han despojado del don, que siempre les precedía, pero que siguen siendo figuras de gigantes que abren los ojos de nuestros hijos al conocimiento y se ganan día a día su respeto,su cariño y admiración.
Estoy convencido de que un país puede sobrevivir a banqueros y empresarios sin escrúpulos e incluso a políticos que se han ganado el desprecio de los ciudadanos con su incompetencia y su felonía, pero difícilmente podremos salir adelante si perdemos el respeto a quien nos enseñó; por eso,amemos a nuestros maestros y enseñemos a nuestros hijos a amarlos y respetarlos, habremos dado el primer paso para que puedan acceder al conocimiento.
Si el ministro de Educación es capaz de entender lo anterior, posiblemente comprenderá la actuación de las asociaciones de madres y padres de alumnos y el sentido de una huelga que, al margen de su oportunidad, tiene como objetivo primordial  apoyar a los estamentos docentes y reivindicar para ellos un trato justo desde la administración.